Colorin colorado....

 P
ensé que lo nuestro sería una historia interminable.
Ahora entiendo algunas cosas,
Aquel dolor de tripa,
Era una intoxicación por mariposas.
Nuestro amor tenía fecha de caducidad.
Creía que éramos y siempre seríamos felices
Aquí estoy vomitando todas las perdices.
Y......
            FIN

Alarma

 H


as pasado por mi vida como una ambulancia en un atasco.
Encendiste todas tus luces.
Me tuviste en tensión mirando que podía pasar.
Activaste todas mis alarmas.
Me robaste un instante.
Y te vi a lo lejos al poco de llegar.

Rayo de sol

L


a oscuridad más obscura se cernía sobre él, el ceño fruncido a todas horas, la irascibilidad brotaba de su piel, berreaba a todo ser viviente.

Aferrado al volante, conducía con la mirada lineal, se sentía cansado, desesperado, estaba hasta los mismísimos cojones de ver y escuchar las mismas tonterías y de ver que no podía avanzar.

El semáforo se puso en ámbar, aporreaba el claxon con los dos puños, blasfemaba por aquel individuo que decidió parar su camión en vez de acelerar.

El camionero, un hombre grande de unos 105 kg, bajó de su cabina con su gran barriga por delante, se remangó la camisa a cuadros y se dirigió a la ventanilla de aquel irritante ser.

Golpeó suavemente la ventanilla y le indicó que la bajara, él con cara de pocos amigos y con ganas de gresca lo hizo a la vez que se desabrochaba el cinturón, el camionero lo agarro con ambas por la pechera lo sacó por la ventana y lo mantuvo unos segundos en el aire. Sin mediar palabra el enorme barrigón estaba junto a él, y aquellos dos grandes brazos peludos se abalanzaron a gran velocidad y le dieron el abrazo más tierno que en mucho tiempo había recibido, toda la ira, toda la oscuridad más obscura desaparecieron, aquel instante fue el rayo de sol que necesitaba.

@_carlossaez



¿Ahora me creen?

"Durante muchos años acepté todo lo que me hacia, sabía que no me convenía pero es que lo quería.

No podía escapar de mi pasado a pesar de mis múltiples intentos, me enganchaba, me absorbía.

Ahora al verlo se me acelera la respiración, me tiemblan las piernas y se angustia todo mi ser.

¿Y ahora qué? " Meditaba Cris.

Con manos temblorosas, todo el cuerpo dolorido y entre un mar de lagrimas,  trató de sacar  el cuchillo de la espalda de su marido.




La lista

Luis era un profesional afamado en su sector, llevaba 15 años cosechando éxitos en las más altas esferas. Esto lo consiguió apostando que su carrera profesional y social serían lo más importante de su vida.

Vivía en un piso caro no, carísimo, en el centro de su ciudad, conducía el último modelo de su marca favorita de alta gama. Su novia, Lidia Wakoski, era un ex-modelo internacional, envidiado por muchos y odiado por otros tantos.

Un día todo esto cambió, la empresa para la que trabajaba hizo malas inversiones y no tuvo más remedio que cerrar, despidieron a toda sus plantilla, más de 300 personas incluido Luis.

Tras estar viviendo a todo trapo tanto tiempo, gastando como si no hubiera un mañana y disfrutando al máximo sin ahorrar practicante nada.
Sus ahorros se evaporaron en 1 año tras el despido, desde ahí todo fue en picado, parecía una caída anunciada y sin frenos.

Perdió su preciado piso, su coche y todo el lujo de su vida se esfumó. No era capaz de ver  y aceptar que ya no tenía aquel estatus. Su humor cambió drásticamente, se volvió huraño, discutía con todos a todas horas. Llegó un día que su novia no aguantó más que lo dejó con su mala leche y sin un duro.

Un día cualquiera, se acostó en la cama de alquiler en las afueras de la ciudad, ya sin fuerzas de seguir peleando, el mundo se había vuelto pesado, no quería seguir respirando, su cerebro dijo basta y se apagó. Se encontraba en el fondo de aquel pozo de paredes de piedras resbaladizas, llenas de musgo que le impedían salir. Se sentía solo, diminuto, frio y sin fuerzas

Ahora no tenía a nadie, los apartó a todos de su lado. Pasaron semanas postrado en aquella cama sin más, pequeño e insignificante. Sólo comía para no desfallecer, lo poco que su estomago cerrado le permitía y lo que su madre le llevaba de vez en cuando.

Meses más tarde, tan solo quedaba le mitad de Luis, era un saco de huesos con una gran barba espesa. Pero un día despertó, aquel despertar era diferente, había un equipo de música en la mesa que se puso en marcha, estaba solo y no sabía que pasaba, pero aquella canción que nunca había escuchado, "Paint a Smaile on Me" de Black Yaya. No sabía como ni cuando aquel reproductor llegó a su casa, pero aquella musiquilla cambió algo en su interior. De un salto se puso a bailar encima de la cama.

En uno de sus giros, vio encima de la mesa al lado del reproductor un papel escrito que decía:

"Aquí te dejamos con la mejor terapia que conocemos, esperamos de corazón que salgas de tu pozo, lo hemos intentado todo, este es nuestro último recurso. Aquí tienes  los nombres de las canciones y al lado el nombre de quien ha querido aportar su granito de arena a esta lista de reproducción:



Cambios

"L

as cosas cambian, tenemos que hablar."
Maldita frase, como cambió todo desde aquel día.
Yo esperaba a continuación, el típico "ya no te quiero" o eso que ahora está tan de moda, " es que no te veo como una pareja si no como un compañero de piso"
Tras aquella maldita frase, nada bueno se podía esperar. "¿Cómo?, ¿de que coño me hablas?" le dije yo.
Me quedé allí sentado, mirándola con los ojos bien abiertos, en plan Gollum en el Señor de los anillos.
Se acercó a mi y mirándome fijamente, me susurró "Tranquilo, no es mi intención dejarte, sigo locamente enamorado de ti, si has escuchado bien he dicho E-na-mo-ra-dO"
"¿Cómo? ¿En masculino?"


Amor Verdadero

Sentado en aquel sillón de cuadros, con su cabeza apoyada en la oreja raída del asiento, siempre en la misma posición, frente a la ventana, mirando aquel viejo jardín gris.
Con su mano derecha se frotaba la frente y sonreía.
-“Cada día tengo nuevos recuerdos de ella, siempre será el amor de mi vida, pero me preocupa que le pase algo terrible y no pueda volver a verla.
-”Papá, Mamá hace seis años que no está con nosotros”
Malcom, con sus dedos arrugados y delgados hizo un esfuerzo sobre humano, abrió la ventana, miró fijamente al cielo y saltó.


8:14 #MicroRelato

É

l

Llevo viéndola más de un mes, espero que al menos ella haya notado mis buenas vibraciones, la miro con deseo, wooow esta tremenda, esos labios rojos me ponen una barbaridad. Es preciosa y tiene buen gusto, sus sonrisa me transmite simpatía y parece una persona inteligente (siempre lleva con ella un hatillo de libros).
Ella no sabe que he cambiado mi ruta habitual para ir al trabajo, sólo para poder coincidir ese instante, con el semáforo en rojo y verla sentada relajada en la parada del bus. Siempre a las 8:14.









Ella 

Sé que aquí no existe la casualidad, intento coincidir con él todas las mañanas.
Nuestras miradas se cruzan y me sonríe. Tiene una boca preciosa, esos hoyuelos encienden mis mas profundos deseos, ¿Follará bien? seguro que sí, al menos eso espero.
Parece un chico majo con estilo y siempre afeitadito, ésta moda de las barbas no me mola nada y todos parecen iguales, él no.
Espero, bueno no, deseo que baje la ventanilla un día y me hable, quedemos a tomar un café. Ufff quiero conocerlo.
Lo que el no sabe es que mi coche ya está arreglado y sólo cojo el autobús para verlo a él  a las 8:14.












No te quiero #mircoRelato

J


ack, 50 años, fuerte de gimnasio, siempre con su traje de chaqueta puesto, debido a exigencias de su trabajo.

Estaba de pie, mirando a Megan, de 48 años, rubia, muy alta y corpulenta, entrada en kilos (se notaba que años atrás fue una mujer despampanante), manos ásperas de trabajar en la recogida de manzanas, madre de 3 hijos. Admiraba a Jack sentada en una silla de madera raída en aquél salón.

Jack comienza a decir :" Lo siento de veras, Megan, pero soy un hombre felizmente casado, lo que me pides es una relación imposible y no se dará nunca, mi mujer es preciosa, joven, alta, rubia y con un cuerpo de escándalo y sobretodo quiero a esa joven con locura, lo único que te puedo ofrecer es amistad".



Jack dejó perpleja a su mujer, tras más de 25 años casados había dejado de reconocerla y de quererla.



Picón

Allí estaban los dos sentados en aquellas sillas incomodas de metal rojo, frente a la diminuta mesa en la que tenían 2 vasos de Picón con sifón y unas almendras fritas.

Después de mucho tiempo, tras miles de miradas, charlas intrascendentes en el club, decidieron ir a tomar su bebida preferida, el vermouth, había probado mucho a lo largo de su vida, pero el recuerdo que ella mantenía del Picón, las convirtió en su marca preferida. En su pueblo, Elda en Alicante, lo llaman "Mezclaíco" servido bien fresquito con mucho hielo,  es la combinado de las Fiestas Mayores,   que le dio tantas experiencias  y que por eso decidió pedirlo para los dos.

Los dos rondan los 65, viudos, socios del mismo club de lectura, por fin había llegado el día estaban más cerca que nunca, dejaron de suspirar tras las lecturas, de hacerse discretas miradas, y de charlas comunales. Ahora compartían ese momento, era suyo y sabían que se lo merecían.

Rozan sus manos, el se inclina hacia ella para escucharla mejor, ella se retira el pelo de la cara para poder verlo con claridad, como dos adolescentes hablan de sus vidas y de lo que les gustaría hacer en el futuro.

Los nervios de tenerla tan cerca le hacen fumar compulsivamente, ella no para de  dar sorbitos  a aquel vaso ancho lleno de hielo que le adormece los labios.

Sus sonrisas y miradas delatan y pese a la incomodidad de las sillas, ese instante es el más feliz de sus vidas. Es vermouth se convertiría en el primero de muchos y en el mejor.


Mirada atrás, #microrelato

S


é que no volveré a verte, sé que solo fue un instante fugaz, 5 o 10 segundos, pero ese momento fue especial e irrepetible.

Gracias,  gracias por esa mirada, es complicado conectar así en tan poco tiempo, pero cuando se funde la eternidad y la imaginación la sensación generada es única.

Sólo he conocido tus ojos verdes, dulces, compasivos, amables, agradecidos, simpáticos, profundos, inteligentes, únicos.

Se me cayó el estomago a los pies, volvió a subir a su sitio, se dio la vuelta y tomo su forma original, como ya te dije, gracias, han sido los segundos más vehementes en mucho tiempo.

Nunca imaginé que una parada en un semáforo pudiera ser tan intensa, desde aquel día busco tu mirada en los espejos de los coches, no la encuentro, la recuerdo,  aquel instante me agrada y me cautiva.


Te soñé

Un día te soñé.



En aquel sueño visitaba una ciudad con tu nombre,  nunca pensé que mi viaje acabará aquí. No te equivoques este no es el final, es un nuevo viaje estando acompañado.

Se me quitaron las ganas de volver a viajar solo, quiero que me enseñes todo, todo tú todo.

Ahora sé que no llegué por casualidad a aquella ciudad, nunca me sentí perdido.

Aquí sigo, sintiendo explotar palomitas en el estomago cada vez que la ciudad respira, cada movimiento, cada temblor, cada cambio de dirección, los semáforos se detienen, me dejan pasear por todas las calles, se abren las puertas de las casas.

Me invade una sensación desconocida, sólo quiero avanzar y descubrir nuevos rincones.

Sentir como vive la ciudad, he descubierto que me hace feliz.


Sólo su cara

Carmelo llevaba un tiempo con conflictos en casa, no sabía muy bien cual era el problema pero la situación cada día era más insostenible, si intentaba que la relación funcionara era por su hija de 3 años, no quería que pasara por la situación estresante que el vivió con la separación de sus padres cuando el tuvo 5 años.

Carmelo encontró una vía de escape en Internet, empezó a escribir en foros sobre una de sus pasiones el deporte, cada entrenamiento, cada competición a la que asistía la plasmaba en aquella web. Por un tiempo los conflictos se calmaron, pero a medida que él iba siendo más conocido en las redes y pasaba más tiempo inmerso en su pantalla, menos tiempo pasaba con su familia. Aquella nueva situación reavivó el fuego de los gritos y peleas.

Un día, Carmelo conoció a Elisa en un grupo de Facebook,  conectaron al instante, tenían las mismas aficiones, casi los mismos gustos, las charlas se alargaban durante todo el día.

Tras meses de conversaciones, primero sobre sus aficiones y más adelante sobre sus vidas, llegó el ansiado día iban a coincidir en una carrera y después con un grupo de deportistas ser irían a comer juntos. Nada más verse sincronizaron sus miradas y discretamente se saludaron con un par de besos. Aquel día lo vivieron intensamente y lo recordaran durante mucho tiempo.

Ya llevaban 6 meses hablando a diario, Carmelo decidió confesarle a Elisa que se sentía muy a gusto hablando con ella y atraído por ella. Pasaron un par de meses de conversaciones cada vez más cariñosas, Carmelo le contaba sus problemas en casa, él era feliz con su hija y que era lo que más quería en el mundo, pero con la madre de su hija no conseguía volver a conectar como años atrás.

Un día decidieron que se verían, Elisa le dijo que aquella tarde estaría sola en la tienda en la que trabajaba y que podrían pasar un rato allí sin que nadie sospechara nada, así hicieron. Él salió de trabajar un par de horas antes, diciendo que iba al médico y se fue directo a verla, estaba muy nervioso, el estomago le temblaba,  no era capaz de pensar en otra cosa que en como sería estar a solas con ella, no pensó en las consecuencias de aquella quedada. Pasaron toda la tarde hablando, se acariciaron, se abrazaron y todo fue encantador, ambos solo pensaban en el otro, las miradas se cruzaban, los corazones palpitaban en sus pechos como si fuesen a escapar. Llegó el momento de la despedida, la tienda tenía que cerrar y ambos volver a sus respectivas situaciones y casas. Se fundieron en un abrazo eterno, no querían separarse, Elisa se decidió y beso en la boca a Carmelo, él medio asustado se separó, se despidió y se fue a casa.

No podía creer como había reaccionado, estaba destrozado y avergonzado por su reacción, parecía que huía, siempre recordará aquellos labios dulces y suaves, pero en el momento en el que Elisa puso sus labios sobre los suyos, en aquel instante que podía haber sido único, sólo vio la cara de su hija.





Pollo en Salsa

Berta estaba en la cocina, con su delantal blanco con adornos florales que le regaló su cuñada, colgado del cuello.

La olla en el fuego, el pollo en salsa casi listo, lo había preparado con una base de verduras pochadas, un toque de brandy, tomillo, ajo y romero, los aromas de aquel guiso invadían toda la estancia.

Mientras cocina es feliz, delante de aquellos fogones puede evadirse de todos los problemas del día a día. Tiene un ritual ,  se sirve una copa de vino blanco bien fresco y  se pone el delantal mientras saborea el primero trago de aquel caldo dorado.

Mario llega a casa el olor de aquel pollo en salsa le trasladaba a épocas pasadas cuando su abuela lo cocinaba en aquella gran cocina con la chimenea encendida al fondo.

Entra en la cocina y sorprende a Berta con una palmada en el trasero, la abraza por la cintura y le besa la mejilla, ella se gira con los ojos fijos en él y le besa como si hiciera un mes que no se han visto, tan solo han pasado 8 horas desde que la dejó durmiendo.

Mario la abraza, mientras los vapores olorosos llegan a su nariz, con un brazo sujeta a su mujer, con el otro intenta alcanzar la olla con sus dedos, necesita probar aquella maravilla. Ella se da cuenta de dicha maniobra y como un autoreflejo y a la velocidad del rayo evita que aquel dedo gordo llegue la salsa marrón, zas cachete en el antebrazo.

Berta prepara la mesa, Mario se acerca a aquel equipo de música pone una de sus canciones preferidas, Haven't met you yet de Michael Buble, le gusta comer con música de fondo.

Se sientan en la mesa y comentan como han transcurrido sus días. Mario entre bocado y bocado, no para de mojar pan en la salsa, en uno de esos momentos, los dedos se hunden el mojo, sin dudarlo

Mario dirige sus dedos hacia su boca, pero Berta lo para y suavemente sujeta la mano y la introduce en su boca.


El postre está servido.  

Diecisete

Diecisiete trajes, doce corbatas combinadas con formas y colores diferentes y cinco dispares vestidos elegantes, diecisiete motivos para estar sentados en aquellos sillones altos de piel con ruedas y reposabrazos, entorno aquella mesa de patas gruesas de caoba con motivos geométricos.

Es una comisión de trabajo para intentar solucionar problemas graves, uno de los asistentes aquel hombre de unos sesenta años, cara arrugada del paso del tiempo, su experiencia es innegable, sus manos muestran que antes trabajó muy duro en todos las fases productivas, tras su gran bigote blanco y traje de pana marrón, dice una de sus iguales, una joven con dos carreras y un máster “Señorita, continúe con sus labores”


Hizo oídos sordos y continuó como si nada, frente a tan desafortunado comentario.


El trayecto

Va en el coche, ventanilla bajada, 20 º en el exterior, cielo azul inmaculado, no hay nubes, el sol amarillo blanquecino calienta su parte izquierda, son las 8 de la mañana.
Atraviesa una avenida a su derecha altas robustas palmeras de grandes y verdes palmas, a la izquierda el mar, una estampa típica de película. Enciende la radio y suena “You Can't even walk in the park” el tema de la película Shaft en África, se viene arriba, se pone sus gafas de sol de pasta negra, se sube el cuello de la camisa, un brazo apoyado en la ventanilla y el otro en el volante, empieza a mover la cabeza al ritmo de la música mientras prosigue su camino.

En ese momento es la persona más cool de la ciudad, nadie ni nada puede pararle, mira todo con otro prisma, investiga y admira a todos los viandantes con los que se cruza en su camino, examinando sus vidas e intentando averiguar que traman.
Llega a su destino, aparca el coche, sube la ventanilla, apaga la música y sale del coche, “plaaf” un pájaro ha cagado en su calva al instante vuelve a la realidad y entra a trabajar.

Otro día de Mierda.

Buenos días

“Buenos días, ¿Que tal la mañana?, Bien gracias ¿Y usted? Bien también, ah y Buenos días”, se decía Rodrigo a si mismo cuando entraba en aquella oficina, cada mañana, al no recibír respuesta.

Era una estancia grande, abierta, con ocho mesas seguidas de color pino y sillas de ruedas negras, en cada una de ellas sus supuestos compañeros, cada uno vestido de un color, cabeza gacha directa a la pantalla del ordenador.


¿Tanto cuesta decir Buenos días, sin más? ¿Tan caras son las sonrisas? ¿Donde está la educación?


El atasco

El atasco parecía interminable, miraba el reloj y aquel arranca y frena no acababa nunca, no llegaría a la reunión. Sus vecinos instantáneos reflejaban todo tipo de emociones, angustia, relajación, desesperación, ansia por que aquel embotellamiento acabase.

Respira un minuto y decide no mirar más su muñeca. Cambia de sinfonía y suena “Voodoo, Voodoo” de LaVern Baker, aquel soniquete le pone una sonrisa en la cara, gira su mirada a la derecha y allí estaba ella, en su flamante todoterreno negro, era de pelo moreno con una coleta atada con un gran lazo blanco, gafas de pasta con tonos azulados, labios carnosos y bien perfilados de color rojo interminable, vestía un blazer negro sin cuello sobre una camisa blanca a la que le faltaban un par de botones por abrochar. Le lanza una sonrisa fugaz a él y se gira para arreglarse el pelo.

El piensa que aquel taponamiento no está tan mal, la mañana ha mejorado, y que por lo menos tendrá un buen día hoy.

Ella levanta suavemente su mano izquierda, mirando al coche de delante, con el dedo meñique en alto, lo introduce en su nariz, saca un moco y se lo come.

Vaya día de mierda

Desesperación

A


llí estaba ella, sentada en el suelo, con su cuerpo sobre aquel contenedor lleno de basura, estaba apoyada sobre su desesperación, cansada de no poder solucionar sus problemas.


Aquel abrigo andrajoso de paño pesaba más que nunca, un bolsillo cargado de angustia, el otro lleno de desgracia. Pensaba en cómo la vida la había tratado así y no conseguía ver el final del camino.