Herida

L


legas cabalgando,
sobre un caos desbocado que,
se aferra y  extiende por mi piel.
Un orgullo lanza dardos envenenados y certeros
directos a corazón ajeno.
Me hieres.
Compresión de estomago a la mínima expresión.
Labios mordidos con desesperación.
Huella abierta imponiendo realidad,
arañas el alma sin compasión.
Fui un idiota pensando:
algún día cambiará.
Ya nada será igual.
Ese día no existe,
ese día es cada día,
es ahora.
Es un tiempo que pasa,
muy rápido,
se te escapa.
No puedes alterar mi conjunto.
No puedes mutar mi existencia.
Yo se quien quiero ser,
se que no me iré sin avisar y tu,
Tú piensa antes de volver a hablar.

Corazón Acorazado

L

a calle se ha llevado su sombra.
Se viste con traje de chapa y ya no me nombra.
Incertidumbre y sufrimiento desmedido.
He visto su espíritu huido.
Tenía el infinito tatuado en su mirada
ahora solo veo una fachada.
Corazón de hielo.
Pinto su camino de azul cielo.
Hoy le tiendo mi mano,
es mi gesto de ser,
Ser humano.

Deje que,
acaricie su alma,
caliente su corazón,
le abrace con calma.
Y deje que rompa su cascarón.


Lo que nos quedaba

N


os dimos todo lo que nos quedaba
pero nunca, nunca nos llegaba
No te quiero hacer sufrir
Desde hoy haz lo que te de la gana
dejémonos de fingir
Si tu cuerpo te lo pide te vas mañana
Mientras por la vida siga andando
te iré olvidando
Hoy sufro pero mañana
seguro que mi corazón sana
Te daré las gracias
si el tiempo cura mis desgracias.
A pesar que haya gente que diga
no querer un corazón herido
yo prefiero no tenerlo reseco y haber vivido.

Rayo de sol

L


a oscuridad más obscura se cernía sobre él, el ceño fruncido a todas horas, la irascibilidad brotaba de su piel, berreaba a todo ser viviente.

Aferrado al volante, conducía con la mirada lineal, se sentía cansado, desesperado, estaba hasta los mismísimos cojones de ver y escuchar las mismas tonterías y de ver que no podía avanzar.

El semáforo se puso en ámbar, aporreaba el claxon con los dos puños, blasfemaba por aquel individuo que decidió parar su camión en vez de acelerar.

El camionero, un hombre grande de unos 105 kg, bajó de su cabina con su gran barriga por delante, se remangó la camisa a cuadros y se dirigió a la ventanilla de aquel irritante ser.

Golpeó suavemente la ventanilla y le indicó que la bajara, él con cara de pocos amigos y con ganas de gresca lo hizo a la vez que se desabrochaba el cinturón, el camionero lo agarro con ambas por la pechera lo sacó por la ventana y lo mantuvo unos segundos en el aire. Sin mediar palabra el enorme barrigón estaba junto a él, y aquellos dos grandes brazos peludos se abalanzaron a gran velocidad y le dieron el abrazo más tierno que en mucho tiempo había recibido, toda la ira, toda la oscuridad más obscura desaparecieron, aquel instante fue el rayo de sol que necesitaba.

@_carlossaez