Carmelo llevaba un tiempo con conflictos en casa, no sabía muy bien cual era el problema pero la situación cada día era más insostenible, si intentaba que la relación funcionara era por su hija de 3 años, no quería que pasara por la situación estresante que el vivió con la separación de sus padres cuando el tuvo 5 años.

Carmelo encontró una vía de escape en Internet, empezó a escribir en foros sobre una de sus pasiones el deporte, cada entrenamiento, cada competición a la que asistía la plasmaba en aquella web. Por un tiempo los conflictos se calmaron, pero a medida que él iba siendo más conocido en las redes y pasaba más tiempo inmerso en su pantalla, menos tiempo pasaba con su familia. Aquella nueva situación reavivó el fuego de los gritos y peleas.

Un día, Carmelo conoció a Elisa en un grupo de Facebook,  conectaron al instante, tenían las mismas aficiones, casi los mismos gustos, las charlas se alargaban durante todo el día.

Tras meses de conversaciones, primero sobre sus aficiones y más adelante sobre sus vidas, llegó el ansiado día iban a coincidir en una carrera y después con un grupo de deportistas ser irían a comer juntos. Nada más verse sincronizaron sus miradas y discretamente se saludaron con un par de besos. Aquel día lo vivieron intensamente y lo recordaran durante mucho tiempo.

Ya llevaban 6 meses hablando a diario, Carmelo decidió confesarle a Elisa que se sentía muy a gusto hablando con ella y atraído por ella. Pasaron un par de meses de conversaciones cada vez más cariñosas, Carmelo le contaba sus problemas en casa, él era feliz con su hija y que era lo que más quería en el mundo, pero con la madre de su hija no conseguía volver a conectar como años atrás.

Un día decidieron que se verían, Elisa le dijo que aquella tarde estaría sola en la tienda en la que trabajaba y que podrían pasar un rato allí sin que nadie sospechara nada, así hicieron. Él salió de trabajar un par de horas antes, diciendo que iba al médico y se fue directo a verla, estaba muy nervioso, el estomago le temblaba,  no era capaz de pensar en otra cosa que en como sería estar a solas con ella, no pensó en las consecuencias de aquella quedada. Pasaron toda la tarde hablando, se acariciaron, se abrazaron y todo fue encantador, ambos solo pensaban en el otro, las miradas se cruzaban, los corazones palpitaban en sus pechos como si fuesen a escapar. Llegó el momento de la despedida, la tienda tenía que cerrar y ambos volver a sus respectivas situaciones y casas. Se fundieron en un abrazo eterno, no querían separarse, Elisa se decidió y beso en la boca a Carmelo, él medio asustado se separó, se despidió y se fue a casa.

No podía creer como había reaccionado, estaba destrozado y avergonzado por su reacción, parecía que huía, siempre recordará aquellos labios dulces y suaves, pero en el momento en el que Elisa puso sus labios sobre los suyos, en aquel instante que podía haber sido único, sólo vio la cara de su hija.